Divagando

sábado, 11 de agosto de 2007

 

Estando tan cerca de los 30 te das cuenta lo rápido que se pasa la vida, como cada vez reflexionas menos y actúas más, el tiempo escasea y lo práctico se convierte en rutina, anhelas los momentos en que te dedicabas a mirar la forma de las nubes y trascender en pensamientos vanos, cuando las conversaciones tenían tantos hilos que podías perderte, ahora solo hablamos del trabajo, de los compañeros, de las deudas, del futuro no tan lejano, eso, si tenemos tiempo para hablarlo.

Los sueños se acortan y las ilusiones se realizan, ya no te sorprendes hablando en futuro, ahora es cuando...

Te observas en el espejo, pero ya no eres esa persona que anhelabas descubrir, ya te reconoces cada día más, tus faltas, tus errores, tus logros y capacidades, y piensas en esa personita que todos los días de su niñez quiso ser grande, para hacer cosas de grande y hablar cosas de grande… y no es tan grande, la verdad, algunos días largos y estresantes quisieras volver a ser ese niño cuya única preocupación era pasar un examen o tener el juego de moda, los años pasan y no en vano descubrimos como la rapidez del mundo nos absorbe hasta esclavizarnos sin darnos cuenta cuando fue que sucedió, y lo peor de todo es que así sobrevivimos, y no somos infelices, es otro ritmo de vida, eso es todo, no cruel, tal vez más mundano de lo que se tenía previsto en los sueños de adolescencia,

El gran paso, la mitad de la vida, todo lo que falta por venir, el futuro escrito, las decisiones tomadas y el fruto recogido, eso nos depara el mundo después de los 30, ni hablar de las crisis… si es la mitad de la vida porque nos sentimos viejos, no debería ser después de los 50?, porque cuando llegan los 30 tenemos tanto miedo de estar solos, si queremos tener hijos es urgente hacerlo ya, y no es tan grave… crisis a los 50 donde la menopausia y la impotencia nos pisan los talones.

No sé porque la crisis de los 30, siempre dije que era una leyenda urbana, pero que se siente, se siente.

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