Pequeñas cosas

martes, 15 de julio de 2008

 

Se hacia oscuro y aún estaba lejos de su destino, así que decidió desacelerar el paso para observar la belleza del mundo que la rodeaba, vio como las olas chocaban por última vez con las rocas, como de repente solo se convertían en sonidos tenues, como la brisa jugaba con su vestido y su pelo, sentía como la arena entre sus dedos se desplazaba suavemente con sus pasos, y pensó en la soledad de sus pasos marcados levemente en la arena y como las olas los borraban mientras avanzaba hacia la noche incierta, levanto su mirada y vio como una sombra se acercaba hacia ella, la luz del faro iluminó su camino, era una mujer que recorrería sus mismos pasos, recorrería su mismo camino, y se pregunto cual de las dos estaría en la dirección equivocada, cual de las dos avanzaba y cual retrocedía, cuando paso a su lado sintió el aroma de su cuerpo, se mezclaba con la brisa marina, cerró sus ojos y dejó que sus pasos fueran solos, dejó de ordenar a sus pies que se moviesen y de repente se encontró a si misma flotando sobre las olas, cerró de nuevo sus ojos y dejo que la brisa la guiara, ahora su destino estaba en brazos del viento, sintió que su cuerpo se convertía en ola y como suavemente su cuerpo acariciaba la arena borrando los pasos de aquella mujer, de nuevo abrió sus ojos, ahora era aire y volaba por el cielo estrellado hacia la inmensa luna que iluminaba su camino, ahora era quien dirigía las mareas, calmó entonces por un segundo el camino de aquel naufrago, dejó una pequeña huella marcada en la arena y retrocedió las mareas para que jamás la borrasen, ahora era la arena que se negaba a desaparecer los pasos cansados de los caminantes, y marcaba cual cemento sus huellas, siguió su camino hasta llegar al faro allí detuvo su andar y miró hacia atrás, ya no se veía la silueta de aquella mujer, pero se sentía satisfecha de seguir sus pasos, tomó la ruta marcada por otros pasos, sabía que la distancia recorrida había sido bastante, pero en su caminar no estaba segura de estar empezando o cerca de su fin. Respiró por última vez el aire marino hasta llenar totalmente sus pulmones, lo retuvo por unos segundo y lo exhaló lentamente como soplando al mar… había llegado entonces a su destino, y sonrió.

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